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Felipe Vidal, especialista de Fundación Crea: “El modelo político-económico de nuestro país tiene a la ciencia relegada a un rol minoritario”

Oct 11, 2016 Fundación Crea

El bioquímico y candidato a Doctor en Biología Celular y Molecular de la Universidad de Concepción y miembro de la organización Ciencia Cipres analiza el estado actual de su área en Chile. El especialista explica que la conexión entre el modelo de desarrollo del país y la ciencia “es aún escasa”, ya que”la gran actividad económica primario exportadora de nuestro país -salvo aplicaciones de tecnologías específicas- no ha dado cabida al desarrollo de investigación en su seno. Es este modelo primario exportador, que no tiene como su motor la generación de conocimiento ni tecnología propia, el que tiene relegada a la ciencia a un rol precario en esta materia”.

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Las ciencias, eje primordial para el desarrollo de la sociedad, se ha visto marginada una y otra vez por los planes de desarrollo estatales, que traen consigo problemas de implementación, administrativos y financieros los que finalmente coartan “el rol transformador y preponderante que debiera tener la generación de conocimiento en la sociedad”, así lo determina el especialista de Fundación Crea, bioquímico y candidato a Doctor en Biología Celular y Molecular de la Universidad de Concepción, Felipe Vidal.

Como resultado del trabajo en conjunto con el equipo de “Ciencia Presente en la Sociedad” (Cipres) -agrupación de estudiantes de post-grado y jóvenes profesionales de distintas disciplinas científicas que buscan promover la actividad científica en Chile-, al que pertenece el bioquímico, han obtenido un análisis de la situación de las ciencias en el país y del objetivo de su desarrollo y trabajo.

El estado de la investigación científica en Chile

Felipe Vidal es claro con el diagnóstico sobre las ciencias en Chile, detalla que “a pesar de contar con destacados científicos con reconocimiento de la comunidad internacional en diversas áreas, la investigación científica no constituye una de las áreas por las que nuestro país destaque, ni tampoco es el área más privilegiada en términos de inversión y desarrollo propio”.

“El estado actual de la ciencia en Chile está caracterizado por una actividad investigativa con ciertos parámetros bien evaluados en estándares internacionales, principalmente medido en términos de publicaciones científicas en revistas de especialidad. Sin embargo, cuenta con serios problemas de financiamiento, administrativos, laborales (sobre todo para los profesionales más jóvenes), y una baja capacidad de conectarse con el resto de la sociedad. Todo ello en definitiva, coarta el rol transformador y preponderante que debiera tener la generación de conocimiento en la sociedad”, agrega.

El especialista explica que en cuanto a su rol en el modelo de desarrollo, la conexión “es aún más escasa”, ya que a pesar de que existan “empresas dedicadas a la innovación a través de implementaciones científico-tecnológicas, la gran actividad económica primario exportadora de nuestro país -salvo aplicaciones de tecnologías específicas- no ha dado cabida al desarrollo de investigación en su seno. Es este modelo primario exportador, que no tiene como su motor la generación de conocimiento ni tecnología propia, el que tiene relegada a la ciencia a un rol precario en esta materia”.

Según el investigador la investigación científica se desarrolla principalmente en la academia, sumado a esto, no existen mejores mecanismos de vinculación con el resto de entidades privadas y la sociedad. De todas formas existen fondos vinculados a áreas prioritarias o al desarrollo económico, “cuyas áreas temáticas son definidas fundamentalmente desde los organismos gubernamentales”, señala.

El científico emprendedor

Parte del diagnóstico elaborado por Cipres ha determinado que en Chile predomina el concepto de innovación “estrechamente ligado a la generación de aplicaciones más concretas y/o directamente a potenciales negocios”, bajo esta lógica se sitúa bajo “el modelo neoliberal, del científico como un emprendedor”.

Esto ha determinado que se creen fondos que en sus primeras etapas “evalúan directamente la rentabilidad económica por sobre el servicio o beneficio que podría emanar de la investigación en cuestión”, o “se vinculan directamente a grandes empresas donde el beneficio es directamente para ellas”, señala Vidal.

Según la organización esta política de financiamiento en Chile “no se caracteriza por permitir ahondar en una determinada investigación”, lo que trae consigo que, tanto para los investigadores antiguos, como para jóvenes, su trabajo se centre en “una permanente postulación a proyectos de corta duración, a través de lo cual se intenta dar continuidad a la investigación”.

Nuevo ministerio

Según el científico existe un trasfondo ligado “al modelo político-económico de nuestro país” que tiene a la ciencia relegada a un rol minoritario, por lo tanto los cambios para lograr “avanzar hacia una ciencia que se perfile como una herramienta relevante al servicio de las inquietudes y necesidades sociales”, van más allá de ajustar la burocracia estatal.

Se debe “avanzar hacia una sociedad donde el conocimiento y su difusión son prioridades para la construcción de una plena democracia, y consolidar un modelo que garantice condiciones laborales óptimas para el desarrollo científico, son elementos que requieren modificaciones estructurales a la hora de sentarnos a pensar el país que queremos”, señala Felipe Vidal.

Pero en medio de esta discusión nace el debate sobre el órgano rector de las Ciencias en el país. Hay un “debate abierto sobre la creación de un nuevo Ministerio dedicado a esta materia”, explica el bioquímico.

“Actualmente, el máximo organismo rector para las ciencias es Conicyt, una comisión dependiente del Ministerio de Educación, la cual cuenta con un reducido personal, bajo financiamiento, que ni siquiera cuenta con sedes regionales y que históricamente se ha caracterizado por una deficiente labor administrativa”, señala Felipe Vidal.

El científico agrega que “la posibilidad de contar con un Ministerio que vaya consolidando una institucionalidad acorde a los requerimientos del mundo de la ciencia, y que permita generar políticas públicas de largo plazo, provenientes de mecanismos participativos y democráticos, puede ser catalogada efectivamente como un avance. Sin embargo, si no se consideran el carácter estructural de los problemas asociados al mundo de la ciencia y su rol estratégico en la construcción de sociedad, entonces de nada servirán los ajustes realizados en el aparato estatal”.

“Todo ajuste en la maquinaria estatal debe ser producto de esa reflexión y no al revés”.

Organización emergente

El espacio organizativo al interior del mundo científica es complejo. En términos “formales”, existen Sociedades Científicas, que agrupan a los científicos de un área determinada, manteniendo la lógica de división gremial. Estas sociedades organizan congresos y reuniones donde se exponen los avances en la investigación en sus áreas de estudio, manteniendo una dinámica académica, explica el bioquímico, Felipe Vidal; agrega que “los directores de centros importantes de investigación y autoridades universitarias van también adquiriendo peso y renombre dentro de la comunidad”.

Por otra parte, en términos de organización más política y también más joven, “a mediados de los 2000, luego de las primeras movilizaciones de científicos, surgieron asociaciones de investigadores de posgrado y organizaciones como Más Ciencia Para Chile. Ya en los últimos años, y también producto de procesos de movilización y reivindicación social, han continuado los esfuerzos por organizar a la comunidad más joven, y se levantaron organizaciones como Ciencia Con Contrato o como la nuestra -Cipres-. A pesar de todos estos esfuerzos, la coordinación orgánica dentro del mundo de la ciencia es aún escasa y está marcada por un distanciamiento entre los jóvenes investigadores y los más asentados”, agrega Vidal.

La expectación ante el proceso de creación de un Ministerio,  ha traído consigo “espacios de encuentro y debate”, que han evidenciado la necesidad de tener “mayor financiamiento y mayor relevancia de la ciencia dentro del modelo de desarrollo”, además “para la comunidad más joven y quizás la punta de lanza de los proceso de movilización de la última década, ha sido el reconocimiento de la investigación como un trabajo, con derechos y estabilidad laboral”. Este escenario, a juicio del científico, abre “la oportunidad, y a su vez demanda, de la generación de instancias de participación y organización más aglutinadoras y democráticas que permitan enfrentar de manera certera los desafíos que hoy tiene la ciencia, tanto en sus reivindicaciones particulares así como en la tarea de posicionarla como pieza clave al servicio del desarrollo de nuestra sociedad”.