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El Sharpazo

Oct 24, 2016 Andrés Cabrera

Sin duda alguna, la victoria más atractiva de estas elecciones fue la conquistada por Jorge Sharp del Movimiento Autonomista (53%), la cual no solo desplazó al candidato de la UDI, Jorge Castro (22%) –quien iba por su tercer período– sino también superó la inusual candidatura de la Nueva Mayoría, representada por Leopoldo Méndez (22%) del PPD.

Los análisis políticos preliminares han interpretado de inmediato el triunfo como una verdadera “sorpresa”, percepción que pareciera corroborarse si es que observamos esta victoria dentro de los marcos de un escenario sociopolítico que conjuga la más baja participación electoral desde el retorno a la democracia formal y un profundo agotamiento de las coaliciones políticas tradicionales, las cuales hace bastante tiempo sostienen su poder institucional sobre niveles de participación electoral que rayan en el clientelismo. En este marco, ¿quién podría dudar que la victoria electoral de Jorge Sharp es a todas luces una “sorpresa”, sobre todo, si se considera que su votación dobla los votos obtenidos por los representantes del duopolio?

El problema de esta interpretación es que no logra concebir la victoria de Jorge Sharp como un resultado probable si es que se observan las virtudes de una táctica político-electoral idóneamente diseñada. Incorporar esta dimensión nos permite dejar de interpretar el triunfo como un mero producto del azar o la desafección política que aún pervive en el electorado porteño (abstención 64%), así como también a nivel nacional (abstención 65%).

En este sentido, vale recordar que la táctica liderada por Jorge Sharp tuvo el mérito de ser trazada por múltiples organizaciones emergentes a través de un proceso que fue incrementando exponencialmente el apoyo de bases ciudadanas e independientes a medida que se acercaba la elección, repercutiendo incluso en sectores históricamente ligados a la Concertación, hoy Nueva Mayoría.

El momento originario quedó registrado en la realización de una inédita Primaria Ciudadana el pasado 3 de julio, la que demostró, en primer lugar, que las comunas pueden desarrollar instancias de participación política de forma autoorganizada, con independencia de las normativas, recursos y tiempos de los ciclos eleccionarios formales, sin por ello alterar en lo más mínimo las plenas garantías del ejercicio democrático desarrollado; capaz de poner a disposición decenas de voluntarios comprometidos con la iniciativa, además de 19 locales de votación distribuidos entre escuelas, centros comunitarios, juntas de vecinos, clubes deportivos, cafés y federaciones estudiantiles de la ciudad puerto de Valparaíso.

El que dichas primarias se hayan desarrollado con total independencia de las coaliciones políticas tradicionales (Nueva Mayoría-Chile Vamos), corroboraba el hecho de que era plenamente factible levantar alternativas políticas ancladas en distintas organizaciones y liderazgos ciudadanos que representaban una clara voluntad de cambio respecto a la conducción y administración del poder local a nivel municipal.

Al óptimo registro de votantes en las Primarias Ciudadanas (5.278), se sumó una asertiva estrategia comunicacional, la cual tuvo la capacidad de instalar sus ideas a través de nuevas plataformas digitales, medios de prensa, radio y televisión, además de contar con el apoyo y participación de destacados exponentes artísticos del puerto de Valparaíso, tales como el galardonado Mimo Tuga o la cantante y música Pascuala Ilabaca (entre otros); sin duda alguna, puntales de los formidables movimientos artísticos provistos por la ciudad puerto.

Esta hipótesis que hoy por hoy puede ser considerada como “maximalista”, es la que también ha destacado el columnista del prestigioso medio británico The Guardian, Jonathan Franklin, quien hace pocos días otorgaba una lectura similar: la candidatura de Jorge Sharp pareciera representar la emergencia de una “revolución silenciosa”.

Todo ello se incrementó exponencialmente en los 6 meses de campaña venideros. La conformación de un equipo de trabajo multidiverso que conectó activos políticos y académicos capaces de proponer un programa de cambio municipal plausible para Valparaíso (cuestión que quedó reflejada en las excelentes intervenciones del abanderado ciudadano en los escasos debates realizados debido a la poca disposición mostrada por los candidatos Castro y Méndez), fueron la prueba de que no solo se había logrado construir un potente movimiento ciudadano con capacidad de disputar electoralmente, sino que, también, dicho movimiento lograba ofrecer un programa de conducción, administración y participación municipal plausible de llevar a cabo.

Es todo este proceso el que culmina mediáticamente con la significativa renuncia al Partido Socialista de la ex ministra del primer Gobierno de Michelle Bachelet, Paula Quintana, acontecimiento mediático que agregó posteriormente el apoyo explícito y/o implícito a destacadas figuras del puerto Valparaíso, tales como el poeta y columnista de El Mercurio, Cristián Warnken, y el rector de la Universidad de Valparaíso y vicepresidente del CRUCH, Aldo Valle.

Junto a las virtudes del proceso liderado por el electo alcalde de Valparaíso, Jorge Sharp, podemos finalizar este breve análisis del triunfo aportando una hipótesis que contiene un componente más estructural; sin embargo, la hipótesis solo podrá ser “verificada” a posteriori, en los años venideros.

En efecto, es posible hipotetizar que la victoria de Jorge Sharp también da cuenta de procesos de politización ascendente que se incuban al interior de nuestra sociedad, la cual comienza a redefinir un nuevo reordenamiento de las fuerzas sociopolíticas de cara a las próximas décadas y que tendrá una prueba decidora en las elecciones parlamentarias y presidenciales del próximo año.

Esta hipótesis que hoy por hoy puede ser considerada como “maximalista”, es la que también ha destacado el columnista del prestigioso medio británico The Guardian, Jonathan Franklin, quien hace pocos días otorgaba una lectura similar: la candidatura de Jorge Sharp pareciera representar la emergencia de una “revolución silenciosa”.

¿Se constituirá este hito en un punto de inflexión que terminará por impulsar la conformación de una fuerza política alternativa capaz de alterar la correlación de fuerzas del tablero político transicional?

Los próximos 13 meses serán decisivos para avanzar en dicha dirección.

El escenario –hoy más que nunca– se encuentra plenamente abierto y en disputa.

Publicada el 24 de octubre de 2016, en El Mostrador.