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[Documento] Crisis de representatividad en el Chile neoliberal: desafíos y oportunidades para las fuerzas transformadoras

May 07, 2015 Andrés Cabrera

Por Andrés Cabrera

El presente texto, fue presentado en el Lanzamiento de Manifiesto XXI. Revista de Crítica Política realizado en Valparaíso el pasado martes 05 de mayo. En dicha instancia, participaron: la Presidenta Regional de la ANEF, Mabel Zuñiga, el diputado por Santiago, Giorgio Jakcson, el Director de Fundación Nodo XXI, Giorgio Boccardo, además del co-Director de la Revista Manifiesto XXI, Andrés Cabrera.

Manifiesto XXI. Revista de Crítica Política, nace con la intención de forjar un espacio de diálogo y discusión que aspire a analizar las distintas configuraciones que va ofreciendo el escenario político-social, a nivel nacional, latinoamericano y mundial, promoviendo análisis que problematicen los límites y posibilidades a las que se enfrentan la multiplicidad de actores políticos que –por distintas vías y caminos– han proyectado un cambio sustancial, tanto de los patrones de acumulación desplegados por el capitalismo-neoliberal, como del ordenamiento institucional instaurado por dicho modelo, el cual, después de varias décadas de intensa hegemonía, ha comenzado a ser erosionado desde distintos ángulos.

La extensión espacial y temporal considerada por las coordenadas editoriales de Manifiesto XXI, permite actualizar el legado de aquellas corrientes de pensamiento que problematizan sus propios contextos históricos en una suerte de correspondencia con los ritmos y dinámicas registradas en el cada vez más complejo escenario internacional.

Bajo estas coordenadas –y sólo para tomar un par de ejemplos incorporados en la Revista– el aporte que desarrolla Atilio Boron al momento de cartografiar el “mapa sociopolítico latinoamericano”; así como también, la caracterización efectuada por Franck Gaudichaud acerca de los “poderes populares y <<utopías concretas>> surgidas en NuestraAmérica”, resultan perspectivas idóneas para afirmar nuestra pretensión de totalidad.

Evidentemente, la perspectiva global no es suficiente; ya que debe ser complementada con el registro de la contingencia política expresada a nivel nacional. En este sentido, uno de los objetivos primordiales de nuestra Revista es ofrecer un espacio de debate que nos permita acompañar el despliegue de las fuerzas pro-transformadoras que hoy –nuevamente– asoman sus múltiples cabezas en el escenario político del país.

Dentro de ésta dimensión, uno de los ejes preponderantes debatidos en el presente número, se sitúa sobre una de las preguntas que han orientado el debate teórico y político acaecido en el país durante los últimos años. En efecto, el resquebrajamiento del consenso neoliberal ejecutado por el surgimiento de los movimientos sociales durante el 2011: ¿Significaba la apertura de un nuevo ciclo político en Chile o, por el contrario, las características asumidas en el actual contexto, son tan solo un producto de la inminente clausura de un proceso genuinamente democratizador y profundamente estructural? Ciertamente, el transcurso de los acontecimientos volvía mucho más viable esta segunda lectura, sobre todo, cuando se constataban los mecanismos y resultados obtenidos por el proceso de reformas conducido por el gobierno de la Nueva Mayoría durante su primer año de administración.

Mientras los miembros pertenecientes a las filas de Revolución Democrática, Izquierda Libertaria, Fundación Nodo XXI y Fundación Crea, se internaban en este debate a través de las páginas de la Revista; la vorágine de la contingencia política tendió a eclipsar la preponderancia explicativa acerca de la eventual apertura o clausura del ciclo político. Es así como en el segundo semestre del 2014, tanto la retirada momentánea de la arena política por parte del empresariado una vez “cocinada la reforma tributaria”, como la impotencia de una derecha política sumida en la crisis permanente; fueron factores no menores para que el gobierno pudiese concretizar el “fast-track” de las reformas comprometidas durante la última parte del año; proceso que incluso fue acompañado por un aumento paulatino en los niveles de aprobación otorgados a la gestión de la mandataria y el gobierno, durante el primer mes de este año.

No obstante aquello, la irrupción mediática del caso Caval y, posteriormente, las irrefutables pruebas que transformaban la arista Soquimich en un caso con vida propia; permitió que la crítica social se expandiese de un modo transversal, configurando un ámbito que queda idóneamente definido por las coordenadas temáticas que hoy nos convocan, vale decir: la crisis de representatividad que  afecta al sistema político, cuestión que demanda imperativamente, la necesidad de problematizar los desafíos y oportunidades abiertas para las fuerzas transformadoras.

Ciertamente, la caída estrepitosa en los índices de credibilidad y aprobación obtenidos por Michelle Bachelet –el último bastión de legitimidad que permitía otorgar cohesión a una institucionalidad política corroída por el descrédito ciudadano– ha configurado un escenario imposible de prever hace tan sólo unos meses.

Tal como ha destacado el reciente informe del PNUD, nos encontramos sumergidos en “Los tiempos de la politización”. Este diagnóstico, que tanta irritación e incertidumbre provoca en la elite política y económica del país, permite inferir de un modo claro que la profunda apatía que separa a la ciudadanía de las instituciones y coaliciones políticas que las conducen, comienza a transformarse en interperlación activa y organización creativa en manos de la ciudadanía. En el curso de este proceso, las múltiples denuncias de corrupción formuladas durante los últimos meses, no sólo han dejado a la elite chilena “perpleja y en implosión” (tal como ha destacado coherentemente el diagnóstico del Director del Observatorio de Comunicación y Medios perteneciente a esta casa de estudios, Pedro Santander); sino que también, han tendido a acelerar la maduración política de la ciudanía a través de múltiples expresiones de descontento que, a su vez, tienden a conjugarse con propuestas que mantienen a su haber no pocas jornadas de intenso ejercicio deliberativo.

A pesar de que estas formas de manifestación y organización no han adquirido por ahora la consistencia necesaria para hacer valer sus intereses de manera efectiva, ni tampoco, han asumido una coordinación capaz de consolidar una tercera fuerza político-electoral anclada en las expectativas de aquel 75% de la población que –según el mismo informe– demanda cambios profundos en ámbitos como la salud, educación y pensiones; dichas expresiones han logrado, no obstante, una cuestión no menor: poner un pie dentro del escenario político nacional.

En este contexto –y tal como lo ha comentado recientemente Ascanio Cavallo desde su tribuna en La Tercera– la ruta privilegiada por el ejecutivo para restaurar la popularidad y credibilidad, no sólo de la mandataria y del gobierno, sino también, de los paupérrimos registros obtenidos por las coaliciones e instituciones políticas que han comandado el proceso transicional, ha sido la Comisión Engel. Dicha ruta, de un modo inesperado para gran parte de las fuerzas políticas y sociales del país, incluyendo a los partidos oficialistas, volvió a dinamizar el terreno de la correlación de fuerzas políticas producto de un anuncio que replica uno de los sellos de este gobierno: la ambigüedad. Tal como explicitó hace pocos días Michelle Bachelet en cadena nacional: en septiembre, se iniciará un proceso de consultas para una nueva Constitución.

Ciertamente, las preguntas que podemos enarbolar en este contexto son múltiples y diversas: ¿Cuáles serán las repercusiones en el mediano plazo de estos acontecimientos?, ¿Sigue siendo viable la Nueva Mayoría en cuanto proyecto político tendiente a consolidar un proceso de reformas estructurales?, ¿Cómo los distintos actores políticos –ya sea tradicionales o emergentes–  se han posicionado ante la crisis política? ¿Cuáles han sido los mecanismos de salida propuestos por los movimientos sociales y/o ciudadanos?; ¿Cómo estos actores debiesen posicionarse ante la emergencia del flanco constituyente; hoy puesto –quiérase o no– sobre la palestra pública?